Mostrando entradas con la etiqueta Georges Bataille. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Georges Bataille. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de mayo de 2011

El hombre: “El animal ladino”. El relato del verdugo de Bataille.


Como en el título de la obra de Nicolás Ramiro Rico, quisiéramos esta vez llamar su atención sobre una cuestión, a saber, la manipulación de sí, y de los escuchas, que se da a través del Lenguaje en el humano.


Para el hombre pues, al parecer, todo está justificado si se halla en la palabra. A través de la palabra el humano justifica todo lo que ve (aunque muchas de esas cosas no necesitan justificación, existirían a pesar del humano, pero el humano lo cree así, cree que necesitan ser dichas), y si algo no es dicho no existe.

De esta manera, incondicionados obtusos, groseros, toscos como los de la Justicia, no pueden ser tales, no se los puede gritar sino por la fuerza de dos razones: o por la violencia o por la astucia. Sin embargo, como la pequeña historia del verdugo de Bataille, aunque en realidad el humano despliega muchas veces la fuerza (su Justicia) sin razón, el humano por ser, por excelencia, un habitante del Lenguaje, no puede simplemente desplegar su fuerza sin ninguna justificación, todo debe estar dicho e incluido en la palabra, de allí pues que se acuse al humano, creo yo, de ser “El animal ladino”. La historia de Bataille es la siguiente:

“Por cierto es difícil encarar teóricamente este problema. Daré un ejemplo concreto. Recuerdo que una vez leí un relato de un prisionero de un campo de concentración que me deprimió. Pero imaginé un relato de sentido contrario que hubiera podido hacer el verdugo a quien el testigo vio actuar. Imagine al miserable escribiendo y yo leyendo: ‘Me arroje sobre él injuriándolo y como tenía las manos atadas a la espalda y no podía responder, inmediatamente le di unos puñetazos en la cara, cayó, mis tacos concluyeron la tarea; asqueado, escupí sobre la cara tumefacta. No pude dejar de reírme a carcajadas ¡acababa de insultar a un muerto!’.

Desgraciadamente el aspecto forzado de estas líneas no se debe a la inverosimilitud… [sino porque] es improbable que un verdugo escriba de esta manera.”.

* BATAILLE, Georges. El erotismo, Buenos Aires, Ed. Sur, 1960, p. 187. L’ erotisme, trad. de María Luisa Bastos.

Como dice pues el autor citado, desgraciadamente el aspecto forzado de este relato no se debe a la inverosimilitud (desgraciadamente, podríamos decir nosotros también), desgraciadamente porque ello nos ha confundido sin medida. No se debe a la inverosimilitud de los hechos, se debe a la necesidad inaplazable que tiene el humano de engañarse y de engañar a los demás, su violencia, su Justicia, ni para sí ni para los otros, puede ser fruto de pasiones o violencia sin razón, todos sus actos deben estar justificados, acogidos por la palabra, el carácter forzado del relato no es fruto de la inverosimilitud de los hechos, sino de la necesidad que siente el mismo verdugo de justificarse ante sí y ante la audiencia, lo que hace imposible que alguien hable así de sí mismo.

Por ello pues es que hoy recordamos al humano como el animal ladino, sus interpretaciones fuerzan al mundo muchas veces, hasta que calce con la propia realidad, y el humano, inteligente por naturaleza, no  parece importarle mucho esta situación, incluso en los métodos de averiguación de la verdad (el Método Científico por ejemplo), no se parte por el principio y se analiza las profundas limitaciones que el mismo humano significa para ésta averiguación.

En fin, las maneras del humano de justificarse, a pesar de aparecer infantiles si se les mira fríamente, por su efectividad a la hora de argumentar o abogar por sus actos en frente de todos y en frente de sí, es que nos hace recordar, sino es que de manera irónica, a nuestro animal humano como el animal ladino.


domingo, 10 de abril de 2011

Acerca de la existencia, dentro de sí, de los animales. El Individuo.


Al respecto, principalmente, tenemos dos opciones:


O podemos decir como Descartes, o sus seguidores (aunque creo lo afirmó y afirmaron, espero, por congraciarse con la Iglesia afirmando que solo nosotros tenemos alma):

“En los tiempos modernos, el problema de diferenciar a los humanos de los animales ha inspirado algunas soluciones radicales. Según Descartes, los animales se asemejan a maquinas, si bien en toda maquina humana hay un alma. Sus seguidores fueron más allá: el alarido de un perro apaleado no representa una prueba mayor de dolor que el sonido de un órgano al pulsar las teclas.” *

* FERNÁNDEZ-ARMESTO, Felipe, Breve historia de la humanidad, Un apasionante viaje por la evolución del género humano, Barcelona, Ed. Ediciones B, 2005.

O podemos decir como Bataille:

“Sin embargo hay que estar prevenido contra la costumbre de mirar únicamente desde afuera a seres ínfimos; contra la costumbre de mirarlos como cosas que no existen adentro. Pero ocurre lo mismo con un perro y también con un insecto o un ser más pequeño. Por simple que sea un ser, no hay un umbral a partir del cual aparece la existencia adentro.”

“… es diferente el sentimiento de sí, a la conciencia de sí” *

* BATAILLE, GEORGES. El erotismo, Buenos Aires, Ed. Sur, 1960. L’ erotisme, trad. de María Luisa Bastos.

Así, me parece, no debemos confundir la consciencia con existencia, por el hecho que nos reconozcamos a nosotros mismos (en un espejo), o nos nombremos e individualicemos, no quiere decir que otros seres, diferentes al humano, no posean una existencia individual.

“Si entra en el ciclo de las acciones útiles como medio, no como fin, el animal es reducido a cosa. Pero esta reducción es la negación de lo que, a pesa de todo, es; el animal es una cosa únicamente en la medida en que el hombre puede negarlo. Si careciéramos de ese poder, si no estuviéramos en condiciones de obrar como si el animal fuera una cosa (si un tigre nos derribase), el animal no sería una cosa en sí mismo: no sería un puro objeto: sería un sujeto que tendría por sí mismo una verdad interna.” *

* BATAILLE, GEORGES. El erotismo, Buenos Aires, Ed. Sur, 1960. L’ erotisme, trad. de María Luisa Bastos.

Así, cuando el domador entra en la jaula, creyendo bajo control al individuo felino, lo cree cosa, sin embargo, si este último logra desencadenar sus deseos, para el domador vigorosamente el león vuelve a adquirir la condición de individuo y no de cosa. De la misma manera sucede entre nosotros, cuando logramos reducir a la utilidad a otros humanos, los cosificamos, para el general, desde la comandancia, sus soldados no son individuos, son cosas, recursos, se cuentan por millares y no se habla de tal o cual soldado.

Es decir, ello solo ocurre, la cosificación de los animales, por la posibilidad que el humano tiene, gracias a su inmenso poder sobre otras especies, de volverlas cosas, incluso, como ya lo señalábamos, siguiendo a Fernández-Armesto de nuevo, entre los humanos también nos cosificamos y por mucho tiempo excluimos a otros seres humanos de la existencia interior, de la individualidad y de la posesión de un alma:

“Aun así, el actual es un concepto reciente [el de humanidad]: la mayoría de la gente de la mayoría de las sociedades a lo largo de la mayor parte de la historia se habría quedado atónita ante una categoría tan universal. De hecho, a muchas personas les habría costado comprender la palabra humano o encontrar alguna equivalencia en sus idiomas respectivos, salvo como un modo de designar a los miembros de su propio grupo. Para ellas, los intrusos pertenecían a alguna otra clase, como las bestias y los demonios.” *

* FERNÁNDEZ-ARMESTO, Felipe, Breve historia de la humanidad, Un apasionante viaje por la evolución del género humano, Barcelona, Ed. Ediciones B, 2005.

Debemos pues cuidarnos de las reducciones ligeras que hacemos por intentar explicar lo que observamos, no se puede decir, reducir, el acto sexual suicida de algunas especies a través de explicarnos que se debe al cuidado de la especie, con ello olvidamos groseramente la perdida para sí que significa el acto para el animal que lo realiza:

“… El caso extremo en que el acto sexual provoca la muerte del animal… Únicamente en forma deliberada seria posible desconocer la muerte para sí del animal; y me parece que atribuyendo su muerte al cuidado de la especie, el pensamiento humano simplifica gruesamente la conducta del macho en el momento del vuelo nupcial.”

“Hablar de intenciones de la naturaleza no deja de ser absurdo, sobre todo porque los movimientos inevitables en que la vida derrocha su sustancia nunca son sencillamente tales. En el momento mismo en que se prodiga sin limitación, la vida da una finalidad aparentemente contraria a esas perdidas que asegura con tanto fervor. No se abandona a derroches excesivos de energía sino en la medida en que tiende hacia un acrecentamiento. Se trate de la planta o del animal, el lujo de las flores o el apareamiento puede no ser el lujo que parece. Se da una apariencia de finalidad. Sin duda, el brillo de las flores o de los animales tiene poca utilidad en el plano de la función a la que nuestra inteligencia lo refiere, burdamente. Se diría que se trata de una inmensa superchería. Como si, partiendo del tema de la reproducción se liberase una marea desordenada, irremediable. Por ciega que nos parezca su marcha, la vida, sin un pretexto no podría dar libre curso a la fiesta que lleva en ella. Como si el desborde inmenso tuviese necesidad de un coartada.”

* BATAILLE, GEORGES. El erotismo, Buenos Aires, Ed. Sur, 1960. L’ erotisme, trad. de María Luisa Bastos.

No se puede pues, so pretexto de la consciencia que nos identifica como humanos, que podemos distinguir en otros similares a nosotros y por eso nos resulta agradable, por ser igual, so pretexto de que “pienso, luego existo” (en una acepción que se podría evocar de aquella afortunada frase), pensar que en otros seres, por ínfimos que sean, no se presenta una existencia adentro ni la individualidad, como seres vivos, todos, se podría decir, somos esencialmente lo mismo:

“Somos seres discontinuos, individuos que mueren aisladamente en una aventura ininteligible, pero tenemos nostalgia de la continuidad perdida. No podemos soportar la situación que nos amarra a la individualidad por azar, a la individualidad perecedera que somos.” *

* BATAILLE, GEORGES. El erotismo, Buenos Aires, Ed. Sur, 1960. L’ erotisme, trad. de María Luisa Bastos.

De allí que (saliéndonos un poco del tema pero para mostrar un poco más al autor que nos ha acompañado en este artículo) el ser del amante significa para todos nosotros, en parte, la huida de la discontinuidad aislada de nuestro ser creyendo, equivocadamente, que a través de su posesión expandimos nuestra propia individualidad:

“El amante es el ser pleno, ilimitado, al que ya no limita la discontinuidad personal, la continuidad del ser percibida como una liberación a partir del ser del amante”

“la actividad sexual es un momento de crisis del aislamiento” *

* BATAILLE, GEORGES. El erotismo, Buenos Aires, Ed. Sur, 1960. L’ erotisme, trad. de María Luisa Bastos.

El amor pues, el sentimiento de nosotros por ejemplo, en las sociedades, implica también esa búsqueda incesante por expandir la propia individualidad, en una carrera ciega por ser magnos creemos que el grupo es nosotros mismos y que somos tan grandes como nuestros grupos:

“El cristianismo nunca abandono la esperanza de reducir al fin este mundo de la discontinuidad egoísta al reino de la continuidad que abarca el amor” *

* BATAILLE, GEORGES. El erotismo, Buenos Aires, Ed. Sur, 1960. L’ erotisme, trad. de María Luisa Bastos.

En fin, no podemos negar la individualidad, el sentimiento de sí, que todos los seres pueden tener y evidentemente tienen, no hay un umbral de inteligencia desde donde podamos decir que inicia la vida y la individualidad, en fin, solo las groseras reducciones humanas pueden reducir la vida a la consciencia sí, ignorando el sentimiento de sí que todos los seres tienen:

Un ejemplo de existencia adentro en un ser distinto a un humano:



domingo, 6 de marzo de 2011

Aprender a perdonar-se; “El secreto para sobrevivir es no ir a la guerra, en especial con uno mismo”.

“Res”, cosa, un Cuerpo para este caso, Bataille decía que un cuerpo no pasa de ser una pieza de caza, ¿por qué aterroriza y causa retroceso el estar en frente de un cadáver humano, de una pieza de caza?

Un Cuerpo.

A propósito, ¿qué tienen en relación el Cuerpo y la Deuda?, como muchos de los que pasaron por alguna facultad de Derecho, escuché alguna vez: en Roma podías tomar el Cuerpo del deudor responsable de tu acreencia insoluta y hacerlo pieza de caza, incluso, podías repartirte dicho “trofeo” entre los acreedores, si eran varios.

Deuda.

Nietzsche decía que nuestro “deber ser” viene de la muy mundana “Deuda”, debemos a nuestros antepasados, a sus triunfos y toda la sangre y horror que esparcieron por “vernos” hoy, aquí. ¿Por qué queremos ignorar toda la, como dice el autor, sangre y horror que hay detrás de todas las cosas buenas?

Pero, enfocándonos en lo que perseguimos, ¿qué misteriosa y repugnante relación tienen el Cuerpo y la Deuda?

Hitler, antes de cometer suicidio, curiosa escena, bastante se preocupó porque incineraran su cadáver, (a pesar de que sólo es una pieza de caza), hay quienes conocen este secreto, pienso, esta misteriosa relación de la que hablamos, y retiran su cadáver de los escupitajos de la chusma, de los vencedores; el zoroastrismo, me parece otro ejemplo, tiene por tradición el rito funerario de dejar a merced de los buitres sus cadáveres, ¿acaso conocerán el enigma que encierra este secreto?, ¿volando, en el gaznate del ave, dejarán fuera de alcance a sus Cuerpos?

Cuerpo y Deuda, nada como la sangre para la letra, ¿cuánta sangre y horror hay detrás de todas las cosas buenas, de las creaciones humanas?, si todo lo que nos hace humanos es aprendido, como lo creo, entonces no hay nada “natural” en el ser “humano”, ¿cuánta de esta sangre y horror será injustificada, cuánta será, habrá sido provocada, por un capricho, por el capricho humano?

Bataille decía que olvidamos pronto el mucho esfuerzo (correa, diríamos en Colombia) que nos cuesta el convertir a nuestros hijos en humanos, inculcarles nuestros miedos, los ascos, las repulsiones y afinidades.

Cuerpo y Deuda, ¿cuánto le debemos a nuestros padres, a nuestros maestros?, por convertirnos en humanos a través de la sangre, del escarmiento en nuestros Cuerpos, ¿cuánto nos deben ellos, cuánto a nuestra pureza?

Cuerpo y Deuda, hay quienes no descansan hasta tomarte como a una pieza de caza, hasta arrastrar tu Cuerpo por toda Roma, pero, creo, detrás de todo eso hay cierta pusilanimidad, pues, es decir, somos muchos los que no conocemos aún el secreto, somos muchos, aún, los pusilánimes.

Recuerdo alguna ocasión en la que un graaaaaan conocedor del secreto, conocedor de la falta de vergüenza, en mi país, conociendo el poder de la carne (el Cuerpo, la res), viva, para aleccionar, en la misma hora en la que el Congreso de donde nací la exigió para saciar apetitos, para aleccionarlo, para ejercer la facultad de Control Político, la Moción de Censura, no sé, recordó el Presidente que a su Ministro (la carne, el Cuerpo que quería la chusma), podría removerlo de su cargo en cualquier momento dejando sin Objeto tal debate, le fue evidente pues que podía sustraer la carne (el Cuerpo) de la venganza, y así lo hizo, ¡jaja!, allí quedaron las hienas, de un portazo, afuera del banquete (así no me agrade que nuestro Pontífice del secreto no haya sido aleccionado, yo también exijo carne, sangre, muchas veces).

Culpa y dominio, culpa y razón humana, la razón humana es idílica y ello debería ser suficiente, suponemos, pero bien es evidente que no es así, Hobbes decía que la razón da una base suficiente para el acuerdo en una sociedad, pero, a su vez, decía, que los pactos, que no descansan en la espada, no son más que palabras. Maquiavelo decía lo mismo de los profetas, de los cuales, los que no combinaron profecía y las armas, no lograron gobernar nada (y que no se venga a decir que qué hay con el caso de Jesús, algunos nos podrían refutar, a Maquiavelo y a mí, pues me incluyo en su opinión, que: “¿qué pasa entonces con el ejemplo de Cristo?” gritarían, gritan, pero olvidan algo que es evidente pero que para algunos no lo es tanto, Nietzsche afirmaba que la parodia de todo un dios en una cruz es un golpe visual impactante, que, opino, fue la razón por la cual la moral judeo-cristiana logró alzarse, logró conquistar, aprehender, un ARMA poderosísima, una gran espada, el Imperio Romano, además, aparte del cielo, el Jesús, como personaje histórico, durante su tiempo terrenal, ¿logró gobernar algún Estado?, ese es el sentido en el que Maquiavelo habla de los profetas “que lograron triunfar y gobernar”, no en un sentido espiritual o metafísico)

Muchas veces la Culpa logra ser Polisemia en mí, ya no puedo distinguirla, muchas veces, ¿por qué creerán ellos que sí pueden hacerlo?

Qué podemos saber nosotros de justicia, nosotros los que sólo participamos en esta dinámica al recibir el castigo, nosotros los pusilánimes, los que no creamos la moral, los que sólo la “oímos”, al final, sólo el creador conoce su obra, sólo los padres de la moral conocen su obra, nunca podremos parecernos lo suficiente a su creación; ¿cómo poder adentrarnos en sus mentes, donde la moral reside, para competir con ellos, para ser más papistas que el papa?, la moral es su misma imagen, su capricho, ¿cómo poder competir con el creador si al final no hay nada más parecido a la imagen que su reflejo?, jamás podremos ser más justos que la justicia, que quien la dicta, jamás podremos parecernos más al ser, el creador, que su reflejo, la justicia.

En una ocasión algo en verdad hizo que me riera, en un lugar que creo no era adecuado hacerlo, en una ocasión, en el museo Nacional, en Bogotá, estuve parado en frente de una pintura, días antes sostuve una conversación con un amigo que afirma ser artista (y lo digo de esta forma porque es la única salida que me queda, jamás he entendido o me ha agradado la sensibilidad del artista, salvo la de los que me agradan), y éste me explicaba lo oculto en el arte (“el poder se rodea de misterio”), y estando yo en frente de esa pintura comencé a intentar fijar sus detalles, era una pintura de un árbol, un árbol verde, la pintura, y el árbol que abarcaba toda su extensión, podría medir sin dificultad cuatro o cinco metros de alto, bueno, no lo sé, nunca he sido bueno en esas cosas, estuve un buen rato parado allí, intentando auscultar el misterio, ¡ja!, hoy solo puedo imaginar y reír con mi rostro adusto, mi mirada penetrante, mis pensamientos insondables, en fin, todas esas actitudes esnobs que se ven tan interesantes y “sexys”, y no sé cuanto tiempo habré pasado allí, al final, sin que pudiera obtener ningún resultado y sin que las pequeñas lecciones, días antes aprehendidas, arrojaran alguno, me resigné entonces, qué más podía hacer, pero, en ese memento, noté algo, y es algo que siempre me pasa, siempre cometo el error de no tomar en cuenta los títulos de los textos, y así noté uno de esos pequeños letreros que se fijan a un lado de las obras en los museos, ¡que sorpresa!, el letrero decía: “Fernando Botero – El Árbol”, ¡claro!, ¿de qué otra forma habría de llamarse?, “El Árbol”, “¡¡¡¡¡¡El Árbol!!!!!!”; para Botero, en esta ocasión, me parece, no hay ningún misterio, aunque eso es algo que sólo él, el creador, sabe a ciencia cierta. Redundando, sólo el autor, sólo el creador, conoce su obra.

En fin, difícil relación tiene mi Cuerpo con la Deuda, soy de los que no creen en la Deuda, “el deber”, hago que me acompañe siempre Rousseau diciendo: “el primero que cercó un terreno, que dijo: “esto es mío”, y que consiguió gentes tan simples como para creerle, es el padre de la Sociedad Civil”. Soy de los que piensa que recibir la Deuda en el Cuerpo es de pusilánimes, no creo que sea un deber el aprender a ser humanos, a llenarnos de miedos y ascos ajenos, soy de los que piensa que el recibir ese tipo de penas es sólo para el que no puede sustraerse o no ve la vida con suficiente descaro.

No creo en la justicia, no creo en el Quijote, que va por el campo “desfaciendo” fechorías, con su tabla; quizás haya aprendido cosas, quizás esas cosas que aprendí nunca las disfrutará quien me las enseñó, pues parece siempre refrendarse el axioma “nadie sabe para quien trabaja”, pero hoy me parece ya suficiente.

Es decir, como decirlo, quiero dejar de ser un sujeto sujeto, es lo que propongo, lo que les propongo.

En el fuego de todos los infiernos se coció un alma que tuvo que ser de un buen metal para no destruirse y sí transformarse; gracias, sólo por ti, sólo tú, podrías lograr esa situación, sólo por alguien como tú me sentiría en el infierno cada vez que te fuiste.

Descubrí pues que tengo conciencia, mi capricho, pues no puede ser más que capricho, descubrí por qué cada amante que quiere partir pretende endilgar la Deuda, son conocedores innatos, empíricos, del secreto, retiran su cadáver, su carne, del imperio de la Deuda, y hacen recaer la Deuda en cadáver ajeno, en el otro; entendí cómo la moral no solo sirve para señalar y ajusticiar, también se puede ser victima de ella, ¡puede uno señalarse!, ¿quién iba a decirlo?, y, descubrí, que el señalar depende del Objeto. Nunca hay justicia en contra del poder, si se tiene suficiente potencia para sustraer el Objeto, la justicia carecerá de blanco (Objeto), si se tiene suficiente poder la disidencia será crimen, si no, es revolución, y hoy decido, disiento, pero con poder, con poder sobre mí, y por fin hoy sustraigo mi cadáver.

Es curioso, hoy creo que puedo comprender a los que creen en la cruz, hasta creo que podría imaginar a alguien con tal amor, alguien que quisiera llevarse tu Cuerpo y enterrarlo, pero, es por eso, pienso, que todo este asunto de la fe te persigue, te asecha, mejor, todo esto te persigue hasta que caes exhausto, llorando, en tu cama, asecha tu desvelo y sube hasta tus pies y te pica, a la hora de tu debilidad, los sacerdotes son grandes con conocedores del secreto, y es lo que más me impresiona, la astucia, el conocimiento, lo certero del golpe, ¿¡morir por liberarte de tu conciencia!?, ¿el hijo de un dios muriendo en una cruz por liberar tu Cuerpo?, ¡eso!, es dar en el clavo.

No pensé lo fuerte que podía ser mi capricho en contra mía, es demasiado desconcertante para alguien que no cree en la justicia descubrir su conciencia, así, por mucho tiempo me culpé, deje que me culparan, permití que la chusma arrastrara mi cadáver, pero, renovando la propuesta que les hago, hoy me perdono.

No se cuales sean o fueron los cargos, imagino que de todos debes haber sido culpable, bajo la ley de “los inolvidables momentos”, pero hoy te perdono, te libero de la memoria, de la conciencia y de la chusma, hoy por fin es suficiente. Podría ser que el aprendizaje sea valioso para mí, quizás sea que no pude sustraerme, pero ya es suficiente.

Es decir, los invito a levantarse, de entre los muertos, de entre la chusma, los invito a volver a caminar, a dejar atrás, a olvidar, a ser una sombra, opaca por la culpa pero con la dignidad y entereza como para rebajarse, para perdonarse, y tomar el cadáver inmundo de su propia vergüenza, su propio cadáver, y enterrarlo. Recuerda, tres veces imperdonable, para poder culpar debes aprender a perdonarte ¿cómo podrás culpar a alguien más?, como ellos lo hacen, si antes no te absuelves a ti.

Mi cuerpo fue arrastrado por toda Roma, en la lapidación mi cabeza se hundió entre mi pecho, más que para protegerse, para mostrar arrepentimiento, ¡cómo si no quisiera alejarme de quienes las arrojaban! me agaché ante las piedras con lastimero respeto, mi capricho quiso merecerlo por haberte hecho daño; veo mis fotos y veo a un niño que nunca lo fue, que nunca entendió la psicología inversa porque nunca lo fue, nunca fue niño, me entristece no poder entrar en la imagen y poder defenderlo, protegerlo, hoy quiero hacerlo, aún estoy a tiempo, aún eres un niño.

Así pues es que hoy tomo tu cadáver, se lo arrebato al gentío, igual que como hicieron alguna vez con el bailarín de la maroma, hoy tomo el cadáver acerca del que nadie se rebajaría para enterrarlo, limpio la saliva de tu rostro, también te llevo a la montaña, para que no vuelvas a oír el molesto griterío del tumulto, allí te enterraré, junto con ella, es decir, junto con su recuerdo, al final pues, victima y victimario descansarán… juntos, el uno del otro.